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A mis estudiantes de los grados decimo y once, los invito a enriquecer los conocimientos desde este mundo virtual, el cual nos brinda herramientas de facíl acceso y comprensión. Desde aqui podemos hacer ciencia y reflexionar sobre los problemas sociales que continuamente estamos enfrentando, por eso el llamado es a vivir en continua reflexion con miras hacia el cambio.

lunes, 14 de febrero de 2011

HISTORIAS CORTAS FILOSOFICAS

Autora: Raquel Sanz Villanueva          Título: El pájaro

Soy un pájaro joven, tengo un venda alrededor de los ojos y una cesta atada al cuello del tal forma que cuando bajo la cabeza como y bebo. A mi alrededor hay otros pájaros, hablamos, trabajamos y vamos juntos a rellenar la cesta. Pero yo soy diferente.

                A veces, en los días de más calor, hay algo que pasa por la venda y hade daño en los ojos, si no apartas la mirada y permaneces inmóvil puede llegar a ser algo placentero. Esto no lo comenté con nadie, me gustaba quedarme un tiempo sintiendo aquello, mientras cada pasaba fugazmente dejándome una gran marca; por eso me rezagaba al mis tareas y sólo por eso mi familia se disgustaba un poco.

 Cuando verdaderamente huí de mis obligaciones y pensé en quitarme la venda...¡se horrorizaron! Y porque supiesen que me quería quitar la venda, sino porque abandoné completamente mis trabajos. Quitarme la venda fue realmente difícil, para ello giré, retorcí y golpeé mi querida cabeza, pero al final lo conseguí, ¡qué espectáculo! Había muchos...¡muchos sonidos mudos! Y luego vino otro extraño fenómeno ¡una venda cubrió mis ojos y todo volvió a la normalidad! Pero... ¡ era yo quien decidía el momento de observar!.

 Todos nosotros somos de distintos sonidos, a pesar de nuestro parecido físico éramos de distinta altura, timbre y duración. Jamás me habían enseñado palabra alguna que definiese aquello.
 ¡Oh!, creía conocer mi mundo, pero cuando lo conocí con la mirada... me enamoré de aquellos sonidos que a pesar de no tener vibraciones, hacían vibrar mi corazón.
No hablé con nadie sobre esto. Era mi secreto.

Cuando, asombrada y lastimada por todo aquello, me acerqué a rellenar mi cesta observé cosas muy extrañas, estaban, como me habían dicho y había podido comprobar por el tacto, los barrotes, pero detrás debería de haber más vida, pues había sonidos. Mientras me quitaban la cesta y una máquina, del sonido de lo más grave, rellenaba mi cesta, pregunté a los de mi alrededor que qué había detrás de los barrotes; me contestó un pájaro del sonido del trigo al moverse por la suave brisa incansable y que, sin embargo, tenía una voz dura y seria:
-¿No has recibido un educación?. Deberías saber que detrás de nuestro mundo no hay nada. Simplemente está lo inhabitable.

 Me quedé pensativa y dejé de hacer las tareas para ganar tiempo que utilizaba en pensar y observar. Pronto aprendí a relacionar y distinguir dos tipos de sonidos: los que se trasmiten por vibraciones que llegan al oído y los que perciben mis ojos de forma misteriosa. Más difícil fue lograr adaptar estos conocimientos al tacto que tanto desarrollé en la ignorancia. A veces es engañoso y aún hoy en día fallo un poco; pero recuerdo una escena tan bien como el contacto con una pequeña descarga eléctrica:
Era un pájaro del sonido de la muerte, me recordaba un vago e impreciso sentimiento. Era frágil como una gota de rocío por ser un conocedor del paso del tiempo.

 Antes de quitarme la venda me había pasado desapercibido, parecía que sólo yo podía advertirlo. Sus ojos no tenían ninguna clase de venda y... reflejaban un grito de agonía, de tortura... hasta entonces sólo había sólo había visto los ojos de los niños pequeños que todavía ni han salido del nido ( y por tanto no tienen la venda artificial) y algunos reflejos míos. Pasó un joven pájaro y le rozó con los pies, un estremecimiento recorrió al joven y se dio la vuelta torciendo el gesto de su rostro como si hubiese tocado su sepulcro. Yo temblé, quería que le alejase de mí, pero su voz... era tan llena de alegría, de amor, de delicadeza, de esperanza, de anciana sabiduría y de amargura, que me quedé maravillada. Sólo dijo esta gran, temible y sencilla verdad acompañada de una oferta:

  -    Detrás de estos barrotes hay otro mundo. Ven cuando quieras. Si quieres.
Pronto las palabras fluyeron como el agua en una cascada:
 ¿Cómo se va a su mundo?.
          -         Por una puerta muy difícil de encontrar; para cada uno es diferente el cerrojo- dijo despacio-.
          -
         Enséñame a abrir la mía, ¡por favor!.
          -        Aprende a mirar. –Replico tras pensarlo mucho-.
         Y para mi asombro y dolor se esfumó, comprendí su mirada, estoy en una jaula en la que nos alimenta lo desconocido. Quiero salir y no puedo y tengo mucho que recuperar; tuve que ponerme la venda y seguir la vida más o menos normal. Hasta que no esté preparada no abriré esa puerta, de vez en cuando, cada vez que me quito por unos instantes la venda veo al pájaro... a ese pájaro que viene de un lugar desconocido para mí, viene de la libertad, de la libertad que yo persigo, me da muchos ánimos y he llegado a ver otros pájaros que hacen intentos por quitarse la venda. En realidad no sé si es mejor  no llegar a conocer la libertad y ser ignorante pues he comprendido aquella mirada.



Autor: Iris         Título: Ocurrió en los días de silencio

            Ocurrió en los días del silencio. En esos días que se suceden como cuentas de un rosario, sin la interrupción de ningún suceso que merezca ser recordado. Y es que, cuando se entra en un camino sin curvas, la monotonía del paisaje cotidiano hace que la más leve ondulación cobre un relieve, quizás incomprensible, a los ojos de un viajero acostumbrado a la senda empedrada, sin asfaltar. Lo abrupto hace variar, rectificar la marcha. La comodidad del aire acondicionado adormece y aleja, a veces por siempre, del calor y el frío de la vida.
           
            Ocurrió por casualidad, o tal vez no. Es difícil, por no decir imposible, encontrar sin haber buscado, ver sin haber mirado, oír sin haber escuchado. “No hay más casualidad que la planificada”. Siempre lo había creído pero, la certeza de esta convicción no evitaba la sorpresa en cada hallazgo de su vida.   
Y ella, sin duda, había sido un hallazgo.

            El deseo, cuando surge, lo hace sin avisar, pero siempre nace en un terreno abonado para él. Puede prender de una insignificante semilla, fruto de un leve, casi imperceptible, intercambio de miradas. La germinación es instantánea y ni el frío ni el calor, o mejor aún, gracias al frío y  al calor, crecerá incansable en la mente, alimentándose de la angustia y la esperanza que él mismo genera.         

Angustia y esperanza, sentimientos contrapuestos que conjugados en el tiempo y el espacio pueden obrar el milagro de dotar de vida. Son el primer paso en un largo camino  que se empieza a recorrer con ilusión y cuyo destino final, atrayente y misterioso, evita dar marcha atrás.
           
Sentir... Hay veces, que ningún precio es demasiado alto por el privilegio de sentir. Los sentimientos, reconfortantes o no, eso no importa tanto, son la vida y el desvanecimiento de estos deja, tan solo, un cuerpo inanimado tras de si.           

¡Y qué fácil es caer en el olvido de la vida! Ese olvido que apenas  da motivos suficientes cada mañana para comenzar un nuevo día. Ese olvido que hace de la noche una sombra oscura guardiana de la nada, porque sólo la nada puede ser soñada, cuando se ha perdido el sentimiento en el vivir.
           
Atrapado en el olvido, así estaba, como tanta y tanta gente que justifica sus derrotas importantes, esas que obligan a mantener la mente tranquila, el alma dormida, repitiéndose absurdos discursos sobre lo que es fundamental  para triunfar en la vida, cómodas mentiras que  conducen al estancamiento o total anulación de ésta.     

Grises días velando con sus cenizas el brillo que los ojos en otro tiempo lucieron.
Y fue ella, con su mirada serena, con su paso tranquilo, con su alma dolida, la que lo despertó, sin saberlo. La que lo liberó de la mortal atadura de lo seguro, la que le dotó de esa rebeldía olvidada que justifica un sueño lejano, arraigado con fuerza, en la secreta necesidad de ser vivido.
           
Ella, un reflejo de color transparente. Desde el primer momento la sintió así. El efímero reflejo de un alma atormentada. El cálido color de una esperanza no muerta. La inocente transparencia  que no pide más que lo que está dispuesta a dar.

           
Poco importaba que su amor fuera de esos imposibles. Que la relación dependiese de tantos cabos, que nunca acabara de amarrarse. Que la viera partir día tras día a otra casa, a otra vida, a otro mundo lejano y casi hostil, asesino de vida, de sueños y de esperanzas. Poco importaba todo eso porque ella, le había despertado.          
Ahora le tocaba a él soñar en silencio, solitario, pero no en soledad, porque siempre había en sus noches un reflejo de color transparente cuya compañía la vivía tan cierta como el propio amanecer.

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